Aclla

Las acllas, también conocidas como Vírgenes del Sol, fueron mujeres seleccionadas en el imperio inca por su belleza y pureza para cumplir funciones religiosas y políticas de gran importancia. Estas figuras fascinantes ocuparon un lugar privilegiado pero restringido en la sociedad incaica, desempeñando un papel crucial en rituales sagrados, ofrendas divinas y en la estructura política del imperio. La institución de las acllas representa uno de los aspectos más complejos y enigmáticos de la civilización inca, donde la espiritualidad, el poder y el destino de estas mujeres se entrelazaban de manera inextricable.

Índice de contenidos
  1. Resumen rápido
  2. Datos básicos
  3. ¿Quién es Aclla?
  4. Origen y etimología
  5. Apariencia y atributos
  6. Mitos y leyendas
  7. Simbolismo y significado
  8. Relaciones con otros seres
  9. Influencia cultural y legado
  10. Interpretación contemporánea y debates académicos
  11. Curiosidades
  12. Preguntas frecuentes sobre Aclla

Resumen rápido

Las acllas eran mujeres de la sociedad inca elegidas por su belleza y virtud para servir como esposas sagradas del dios Sol y participar en ceremonias religiosas. Vivían en lugares de reclusión llamados acllahuasi (casas de las escogidas), donde recibían educación espiritual y artesanal. Su existencia reflejaba la conexión entre lo humano y lo divino en la cosmovisión inca, y su influencia se extendía desde lo religioso hasta lo político, formando parte del mecanismo de poder del imperio.

Datos básicos

  • Nombre: Aclla (quechua: aclla o aqllakuna en plural)
  • Cultura: Imperio inca (área andina de América del Sur)
  • Tipo de ser: Mujeres sagradas, sacerdotisas, vírgenes dedicadas al culto
  • Dominio: Espiritualidad, ritual religioso, tejido sagrado, fertilidad y abundancia
  • Símbolos: El tejido fino, la chicha (bebida sagrada), el cóndor, el Sol (Inti)
  • Consorte divino: Inti (el dios Sol)
  • Lugar de residencia: Acllahuasi (casas de las escogidas)
  • Equivalencias: Las vírgenes vestales de la mitología romana; las sacerdotisas solares de otras culturas precolombinas

¿Quién es Aclla?

El término aclla (del quechua aqllakuna) designa a mujeres seleccionadas deliberadamente dentro de la sociedad inca por su belleza física, su pureza moral y su aptitud para cumplir funciones religiosas y políticas. No se trata de diosas mitológicas en el sentido tradicional, sino de mujeres de carne y hueso que adquirieron un estatus sagrado y casi divino dentro de la estructura social inca. Su selección era un proceso riguroso que involucraba a funcionarios imperiales especializados, y una vez escogidas, estas mujeres ingresaban a un sistema de vida complejo que combinaba formación espiritual, labor artesanal, reclusión y, a menudo, un futuro determinado por las necesidades políticas del estado.

La institución de las acllas no es únicamente un fenómeno religioso, sino parte integral del sistema administrativo y de creencias del imperio inca. Estas mujeres representaban la conexión viva entre el mundo terrenal y el divino, siendo consideradas literalmente como esposas del Sol, el dios supremo de la cosmovisión inca. Su existencia reflejaba la complejidad de una sociedad donde la religión, la política y la organización social estaban profundamente entrelazadas, sin posibilidad de separarlas.

Origen y etimología

La palabra aclla proviene del quechua aqllakuna, que significa literalmente "las escogidas" o "las elegidas". El término refleja la naturaleza selectiva y privilegiada de su posición. La institución de las acllas tiene sus raíces profundas en el sistema de creencias incaico y en la organización administrativa del imperio, particularmente durante el período del Tahuantinsuyo (los Cuatro Reinos Unidos del imperio inca en su apogeo).

Aunque la práctica de dedicar mujeres al culto solar tiene antecedentes en culturas andinas anteriores, fue bajo el dominio inca que la institución de las acllas alcanzó su forma más elaborada y formalizada. Los incas heredaron y transformaron estas prácticas, integrándolas en un sistema estatal que usaba a estas mujeres como instrumentos de política religiosa, diplomacia y consolidación del poder. La etimología del término refleja, por tanto, la valoración inca de la selección cuidadosa y la idea de que estas mujeres eran verdaderamente elegidas por los dioses, no simplemente por los hombres.

Algunos especialistas consideran que la institución de las acllas se formalizó más claramente durante el reinado de Pachacútec, el noveno inca, quien reorganizó el imperio y consolidó muchas de sus prácticas administrativas y religiosas. Sin embargo, las fuentes históricas sobre este aspecto específico presentan cierta ambigüedad, y lo que sabemos procede principalmente de testimonios de cronistas españoles que fueron testigos del imperio poco antes de su colapso.

Apariencia y atributos

Las acllas no poseían atributos mitológicos sobrenaturales como sí los tenían los dioses incas. Sin embargo, existían ciertos estándares de apariencia física y características personales que las distinguían y que eran considerados fundamentales para su selección. Las crónicas españolas describen a las acllas como mujeres jóvenes, de belleza excepcional, con facciones consideradas ideales según los cánones estéticos incaicos, piel clara, cabello largo y negro, y un porte que reflejaba dignidad y gracia.

Más allá de la apariencia física, lo que realmente distinguía a una aclla era su pureza, entendida como virginidad antes de ser escogida, así como cualidades morales como la obediencia, la devoción religiosa y la capacidad intelectual. Estos atributos intangibles eran, en muchos sentidos, más importantes que la belleza corporal, pues una aclla debía ser capaz de aprender rituales complejos, memorizar textos sagrados y desempeñar sus funciones con precisión.

En cuanto a su vestimenta, las acllas llevaban ropas finamente tejidas, generalmente de algodón o lana de vicuña, con diseños que reflejaban su estatus sagrado. Los colores predominantes eran el rojo y el amarillo, colores asociados con la realeza inca y con el culto solar. Sus prendas incluían los tocados y adornos que indicaban su rango y su dedicación al servicio del Sol. El tejido mismo que llevaban puesto era, a menudo, tejido por ellas mismas, convirtiéndose así en una expresión tangible de su trabajo sagrado.

Mitos y leyendas

La selección de las acllas: un proceso divino y estatal

La selección de una aclla no era un asunto sencillo ni casual, sino un proceso altamente formalizado que combinaba elementos religiosos y administrativos. Funcionarios imperiales especializados, conocidos como tucuyricuy (literalmente "el que ve todo"), viajaban regularmente por las diferentes regiones del imperio inspeccionando a la población. Su tarea incluía identificar no solo a mujeres de excepcional belleza, sino también a aquellas que dieran muestras de virtud, inteligencia y aptitud para las responsabilidades religiosas.

La edad típica de selección era entre los diez y dieciséis años, aunque las fuentes presentan variaciones en estas cifras. Una vez identificada una candidata, el proceso de evaluación se volvía más riguroso. Los inspectores consultaban con los sacerdotes y, en algunos casos, con el Inca mismo o sus representantes directos. La decisión de convertir a una joven en aclla era considerada una intervención divina, una manifestación del favor del Sol hacia esa familia y esa comunidad.

Según las tradiciones que han llegado hasta nosotros, la selección se celebraba como un honor extraordinario para la familia de la elegida, aunque también implicaba la pérdida de la hija para la familia nuclear. En algunas regiones, la noticia de que una joven había sido seleccionada como aclla se propagaba como un acto de gracia divina, algo que elevaba el prestigio de toda la comunidad local. Sin embargo, también existía entre algunas poblaciones una cierta resistencia o ambigüedad respecto a esta práctica, pues significaba la separación permanente de la joven de su hogar y su familia.

Los Acllahuasi: templos y casas de formación sagrada

Una vez seleccionadas, las acllas eran llevadas a instituciones especializadas conocidas como acllahuasi, literalmente "casas de las escogidas". Estos complejos arquitectónicos funcionaban simultáneamente como templos, residencias, centros de educación y lugares de reclusión. El acllahuasi más importante se encontraba en la capital del imperio, Cusco, aunque existían acllahuasi en varias de las principales ciudades del Tahuantinsuyo.

Dentro del acllahuasi, las acllas vivían separadas del mundo secular, bajo la supervisión de mujeres mayores de rango elevado, frecuentemente viudas de nobles o sacerdotisas de experiencia. Su educación era integral: aprendían rituales religiosos y plegarias sagradas; se les enseñaban técnicas avanzadas de tejido, incluyendo la creación de textiles de extraordinaria finura que serían ofrendas a los dioses o regalos diplomáticos; participaban en la preparación de chicha y de alimentos ceremoniales; y se les instruía en música, danza y los protocolos de comportamiento esperados de mujeres de su estatus.

Las leyendas transmitidas oralmente describían los acllahuasi como lugares de extraordinaria belleza, con jardines poblados de flores sagradas, fuentes de agua pura y santuarios dedicados al culto del Sol. Aunque muchos de estos detalles poéticos deben tomarse con cautela, la evidencia arqueológica y las crónicas históricas confirman que estos complejos eran centros de poder e influencia considerable, no simples conventos, sino espacios donde se ejercía una autoridad religiosa y política sustancial.

El vínculo divino: las acllas como esposas del Sol

El mito central que rodeaba a las acllas era su condición de esposas del dios Sol, Inti, la deidad suprema del panteón inca. Este matrimonio sagrado no era simbólico únicamente, sino que se entendía como una realidad religiosa con implicaciones tangibles. Al asumir su rol como acllas, estas mujeres ingresaban en una relación de consorte con Inti, lo que las elevaba a un estatus casi divino y las apartaba completamente del ámbito de los matrimonios y relaciones humanas ordinarias.

Según la cosmovisión inca, este matrimonio sagrado creaba un vínculo que aseguraba la continuidad de la benevolencia divina sobre el imperio. Las acllas, en su rol de esposas del Sol, se convertían en intermediarias entre la voluntad de Inti y los deseos y necesidades de la población inca. Su pureza, su devoción y sus rituales se entendían como el precio que las acllas pagaban para mantener la relación correcta entre lo humano y lo divino.

Las historias transmitidas de generación en generación en las comunidades andinas frecuentemente presentaban a las acllas recibiendo visiones o mensajes del Sol, especialmente durante rituales importantes como el Inti Raymi (fiesta del solsticio de invierno). Aunque es difícil distinguir entre lo histórico y lo mitológico en estas narraciones, lo que es claro es que el rol de las acllas como vínculos con lo divino era central en cómo la sociedad inca comprendía el funcionamiento del cosmos y del poder.

Las acllas en el Inti Raymi y ceremonias sagradas

El Inti Raymi, la gran fiesta del solsticio de invierno dedicada a honrar al dios Sol, era una ocasión donde el papel de las acllas alcanzaba su máxima visibilidad y su mayor importancia ritual. Durante esta celebración, que duraba varios días y atraía a nobles y sacerdotes de todo el imperio a Cusco, las acllas desempeñaban roles centrales en los sacrificios, las procesiones y las ofrendas.

Las acllas preparaban personalmente los alimentos sagrados que se ofrecerían al Sol: papas, maíz y otros productos. También preparaban la chicha, la bebida sagrada de maíz fermentado, que se consumía durante los rituales y que se consideraba una comunicación directa con los dioses. El acto mismo de la preparación, realizado por manos puras y dedicadas, era considerado parte integral del sacrificio y la ofrenda, no simplemente un acto utilitario de cocina.

En algunas ocasiones, especialmente en tiempos de crisis, hambre o enfermedad, se creía que el sacrificio de una aclla era necesario para apaciguar a los dioses y asegurar la supervivencia del imperio. Los relatos históricos sugieren que estos sacrificios no eran comunes, pero cuando ocurrían, se consideraba el acto más sagrado posible, un regalo directo de lo más preciado del imperio al dios Sol. Esta práctica ha sido documentada en evidencia arqueológica, incluyendo restos de jóvenes mujeres hallados en lugares de altura en los Andes, algunas de las cuales presentan indicios de haber sido preparadas para tales sacrificios ceremoniales.

Simbolismo y significado

Las acllas funcionaban como símbolos vivientes de la conexión entre el orden terrenal humano y el orden divino cósmico. En la cosmovisión inca, el universo operaba según un principio de reciprocidad cósmica llamado ayni, donde los humanos debían ofrecer dones a los dioses para que estos mantuvieran el funcionamiento correcto del mundo. Las acllas, en su rol de esposas del Sol y en sus actos rituales, encarnaban esta reciprocidad de la manera más pura y perfecta posible.

El tejido realizado por las acllas poseía un significado simbólico profundo. Cada prenda tejida representaba una ofrenda de trabajo, dedicación y pureza. Los patrones y diseños no eran meramente decorativos, sino que comunicaban mensajes religiosos y reflejaban la estructura del orden cósmico. El acto mismo de tejer era considerado una forma de ritual, una participación en el mantenimiento del orden del universo.

Las acllas también simbolizaban la fertilidad y la abundancia. Aunque vivían como vírgenes dedicadas a un dios celestial, su presencia en las ceremonias de siembra y cosecha vinculaba su energía sagrada con la fecundidad de la tierra. En este sentido, aunque eran apartadas de la reproducción sexual ordinaria, jugaban un papel simbólico esencial en la perpetuación de la vida y la prosperidad de la comunidad.

Además, las acllas simbolizaban la virtud femenina llevada a su expresión más excelsa. En una sociedad donde el orden jerárquico era fundamental, las acllas representaban mujeres que habían trascendido las limitaciones ordinarias de su sexo y se habían elevado a un estatus casi sagrado. Sin embargo, también reflejaban los límites impuestos a las mujeres incas: su estatus excepcional provenía precisamente de su exclusión de los ámbitos de la vida ordinaria, de su reclusión voluntaria en espacios apartados y dedicados al servicio de instituciones patriarcales.

Relaciones con otros seres

Las acllas y el Inca (Sapa Inca)

El Inca, en su rol como Hijo del Sol y máxima autoridad tanto política como religiosa del imperio, mantenía una relación particular con las acllas. Como representante terrenal del dios Sol, el Inca tenía derecho a seleccionar acllas específicas como esposas secundarias, formando así un triángulo sagrado de relación: el Inca, la aclla y el dios Sol. Estas uniones no eran matrimonios en el sentido ordinario, sino arreglos religiosos y políticos que reforzaban el vínculo del Inca con lo divino.

Las acllas que eran seleccionadas por el Inca para este fin frecuentemente daban a luz hijos que eran considerados de sangre real, aunque no necesariamente herederos al trono. Su posición se elevaba aún más dentro de la jerarquía social, pero también sus vidas se volvían aún más controladas y monitoreadas. La selección de una aclla por el Inca era un honor de inmenso prestigio, pero también significaba una pérdida adicional de autonomía personal.

Las acllas frente a las mamaconas (mujeres sabias)

Las mamaconas eran mujeres de edad avanzada, frecuentemente viudas de nobles o sacerdotisas con experiencia, que supervisaban a las acllas dentro de los acllahuasi. Mientras que las acllas representaban la juventud, la belleza y la pureza sagrada, las mamaconas encarnaban la sabiduría, la experiencia y la autoridad femenina. La relación entre las acllas y las mamaconas era jerárquica pero también intergeneracional, reflejando un sistema donde la tutoría espiritual y práctica de las mujeres mayores era fundamental.

Las mamaconas no eran simplemente guardianas o encargadas del orden; poseían autoridad religiosa real y tomaban decisiones sobre los rituales, la educación de las acllas y, en algunos casos, sobre asuntos políticos que afectaban a los acllahuasi. En este sentido, existía un espacio para que las mujeres mayores ejercieran poder y agencia dentro de la estructura inca, aunque este poder estaba siempre enmarcado dentro de los límites establecidos por la autoridad masculina y estatal.

Las acllas y el panteón inca: Inti y otros dioses

Mientras que la relación principal de las acllas era con Inti, el dios Sol, también participaban en rituales dedicados a otras deidades del panteón inca. Pachamama, la diosa Tierra, era honrada en ceremonias de siembra en las que las acllas jugaban papeles importantes. Inti y Pachamama eran considerados complementarios, representando el principio celestial masculino y el principio terrestre femenino respectivamente. Las acllas, en su rol de intermediarias sagradas, participaban en rituales que mantenían el equilibrio entre estas fuerzas cósmicas.

De manera menos prominente, las acllas también ofrecían dones a otras deidades como Illapa (el dios del rayo y la lluvia) y Chasca (Venus). Sin embargo, el culto al Sol era primordial, y la mayoría de las funciones de las acllas se concentraban en servir a Inti y en mantener la relación correcta entre este dios supremo y el imperio humano.

Influencia cultural y legado

Aunque el imperio inca fue conquistado por los españoles en el siglo XVI, el legado de las acllas ha perdurado en la cultura andina contemporánea de maneras complejas y a menudo contradictorias. En las comunidades quechuas y aymaras de Perú, Bolivia, Chile, Ecuador y las regiones fronterizas, las historias sobre las acllas se han transmitido a través de tradiciones orales, generalmente matizadas con elementos de mitología local y reinterpretadas a través de la experiencia de la colonización y la resistencia cultural.

En el arte, la literatura y la cultura popular contemporánea de América Latina, las acllas frecuentemente aparecen como símbolos de la civilización inca perdida, de una época de grandeza precolombina y de una relación armónica (aunque idealizada) entre los seres humanos y lo sagrado. Los movimientos de reivindicación indígena han adoptado la figura de las acllas como representación de la sofisticación y el poder de las culturas andinas prehispánicas, demostrando que las sociedades incas no eran simples o primitivas, sino complejas en su organización religiosa y política.

El turismo arqueológico y cultural en Perú ha reinterpretado la institución de las acllas en formas que, aunque popularizadas y a menudo simplificadas, han mantenido su memoria viva. El Inti Raymi, recreado anualmente en Cusco, incluye representaciones de acllas, permitiendo que visitantes de todo el mundo conozcan sobre esta institución histórica. Aunque estas recreaciones no pretenden ser reproducciones históricamente exactas, sí funcionan como puentes entre el pasado antiguo y el presente contemporáneo.

En el ámbito académico y arqueológico, el estudio de los acllahuasi ha proporcionado información valiosa sobre la organización social y religiosa del imperio inca. Los arqueólogos han excavado vestigios de estos complejos en Cusco, Machu Picchu y otros sitios, encontrando evidencia de la vida cotidiana de estas mujeres: herramientas de tejido, cerámicas, restos de alimentos, y en algunos casos, evidencia de sacrificios rituales. Este trabajo arqueológico ha permitido una comprensión más matizada de quiénes fueron las acllas más allá de los relatos escritos por cronistas españoles.

Interpretación contemporánea y debates académicos

La figura de las acllas ha ganado relevancia contemporánea en debates sobre género, poder y agencia en sociedades antiguas. Los historiadores y antropólogos actuales examinan críticamente la institución de las acllas, reconociendo tanto su significado y poder dentro del contexto inca como los aspectos coercitivos y restrictivos que caracterizaban sus vidas. No era sencillamente un honor o un sacerdocio; las acllas eran, en muchos sentidos, mujeres cuya libertad personal era sacrificada en beneficio del estado y de la religión.

Sin embargo, dentro de esos límites restrictivos, las acllas poseían cierta agencia y poder. Tenían acceso a educación, participaban en rituales de importancia central, y en algunos casos ejercían influencia política real, especialmente las que ascendían a posiciones de mamaconas o esposas del Inca. Este reconocimiento ha llevado a una reinterpretación más sofisticada de su rol, reconociendo tanto su opresión como su poder, sin caer en la romántica idealización ni en la victimización absoluta.

Las acllas también se han convertido en un símbolo de resistencia cultural para muchas comunidades indígenas andinas. Su recuerdo representa una época anterior a la conquista, a la colonización y a la opresión sistemática, un tiempo en que las mujeres indígenas poseían roles significativos y reconocidos (aunque limitados) en estructuras de poder. En este contexto, la memoria de las acllas funciona como un acto de afirmación cultural, recordando a las comunidades su propia historia y su lugar en la civilización humana global.

En discusiones sobre el patrimonio cultural y la repatriación de artefactos, las acllas también juegan un rol simbólico. Muchos de los textiles finamente tejidos que fueron creados por acllas se encuentran ahora en museos europeos y estadounidenses. La reivindicación de estos artefactos y su retorno a comunidades andinas forma parte de un esfuerzo más amplio para recuperar y honrar la historia indígena que fue suprimida durante siglos de colonialismo.

Curiosidades

  • Los textiles tejidos por las acllas eran tan finos y valiosos que se utilizaban como presentes diplomáticos para sellar alianzas entre el Inca y otros gobernantes. Un solo manto aclla podía tomar semanas o meses en completarse.
  • El acllahuasi de Cusco era tan grande y complejo que algunos cronistas españoles lo compararon en importancia con los principales templos de la ciudad, reflejando el estatus central que estas instituciones poseían en la vida religiosa y política.
  • Aunque el rol oficial de las acllas era mantener su virginidad, las fuentes históricas sugieren cierta ambigüedad sobre este requisito en la práctica. Algunas acllas que se convertían en esposas del Inca obvialmente dejaban de ser vírgenes, y su estatus no parecía disminuir por ello.
  • Los españoles conquistadores quedaron sorprendidos por la existencia de los acllahuasi y muchos confundieron estas instituciones con conventos católicos, aunque las acllas no tenían homólogo exacto en la tradición religiosa cristiana europea.
  • Se estima que en el apogeo del imperio inca, había entre cientos y posiblemente miles de acllas distribuidas en diferentes acllahuasi a lo largo del Tahuantinsuyo, aunque las cifras exactas no pueden confirmarse.
  • Las acllas no solo tejían textiles, sino que también eran responsables de la producción de chicha de extremada calidad, preparada según rituales específicos que se creía que la hacía más aceptable a los ojos de los dioses.
  • El sistema de acllas era tan valorado que algunos pueblos conquistados por el Inca adoptaron versiones del mismo después de ser incorporados al imperio, mostrando cómo las instituciones incas se propagaban y se adaptaban en el territorio conquistado.
  • Algunos investigadores sugieren que la institución de las acllas influyó posteriormente en la estructura de los conventos y comunidades religiosas femeninas establecidas por los españoles durante la colonización, aunque esta conexión es debatida entre académicos.

Preguntas frecuentes sobre Aclla

¿Cuál era el propósito principal de las acllas en el imperio inca?

Las acllas servían múltiples propósitos: eran sacerdotisas dedicadas al culto del dios Sol (Inti), producían textiles y alimentos sagrados para ceremonias religiosas, participaban en rituales que mantenían el equilibrio cósmico, y funcionaban como instrumentos de política diplomática. El Inca podía ofrecerlas como esposas o concubinas a aliados importantes, fortaleciendo alianzas entre diferentes regiones del imperio. En esencia, las acllas eran vínculos vivos entre lo humano y lo divino, y también entre el poder político y la autoridad religiosa.

¿Cómo se seleccionaba a una aclla y a qué edad ingresaban al acllahuasi?

Las acllas eran seleccionadas por inspectores imperiales llamados tucuyricuy que viajaban por las regiones del imperio evaluando a jóvenes mujeres según criterios de belleza, pureza, inteligencia y aptitud para funciones religiosas. La edad típica de selección oscilaba entre los diez y dieciséis años, aunque las fuentes históricas presentan variaciones. Una vez seleccionadas, eran trasladadas a los acllahuasi, donde vivían recluidas en comunidades de mujeres dedicadas a su educación espiritual y artesanal.

¿Qué sucedía con una aclla después de cumplir sus funciones religiosas?

El destino de una aclla dependía de su trayectoria particular. Algunas permanecían en el acllahuasi durante toda su vida, sirviendo como mamaconas (maestras) de nuevas generaciones de acllas. Otras eran seleccionadas por el Inca o por nobles importantes como esposas o concubinas, lo que las elevaba en estatus pero también las sometía a nuevas obligaciones. En casos excepcionales, especialmente en tiempos de crisis, algunas acllas participaban en sacrificios rituales. El retorno a la vida ordinaria era prácticamente imposible una vez que una mujer adquiría el estatus de aclla.

¿Existe algún vestigio arqueológico de los acllahuasi?

Sí, los arqueólogos han excavado restos de acllahuasi en varios sitios incas, particularmente en Cusco y en Machu Picchu. Estos hallazgos incluyen estructuras residenciales, áreas de trabajo (como espacios para tejido), depósitos de alimentos, y cerámicas utilizadas en rituales. En algunos casos, se han encontrado restos óseos de jóvenes mujeres que presentan indicios de haber sido preparadas para sacrificios rituales, proporcionando evidencia tangible de las prácticas asociadas a estas instituciones.

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