Cynocephali

Cynocephali criatura mitología griega cabeza canina cuerpo humano híbrido legendario

Los Cynocephali, también conocidos como cinocéfalos o cinocefalos, son criaturas híbridas que ocupan un lugar fascinante en la mitología griega, medieval y en diversas tradiciones culturales. Se trata de seres que combinan cuerpo humano con cabeza canina, representando uno de los ejemplos más intrigantes de bestias fantásticas en el imaginario antiguo. Su presencia en textos clásicos, bestiarios medievales y relatos de viajeros ha perdurado durante milenios, alimentando la curiosidad y el debate académico sobre los orígenes de estas leyendas.

Índice de contenidos
  1. Resumen rápido
  2. Datos básicos
  3. ¿Quién es Cynocephali?
  4. Origen y etimología
  5. Apariencia y atributos
  6. Mitos y leyendas
  7. Simbolismo y significado
  8. Relaciones con otros seres
  9. Influencia cultural y legado
  10. Curiosidades
  11. Preguntas frecuentes sobre Cynocephali

Resumen rápido

Los Cynocephali son criaturas mitológicas con cabeza de perro y cuerpo humano que aparecen principalmente en textos griegos antiguos y tradiciones medievales. Aunque no existe evidencia de su existencia real, estos seres han sido interpretados como símbolos de la alteridad, la barbarie o lo sobrenatural, reflejando cómo las culturas antiguas percibían a pueblos desconocidos y territorios inexplorados.

Datos básicos

  • Nombre: Cynocephali (del griego antiguo kynos, perro, y kephalē, cabeza); también: cinocéfalos, cinocefalos, cynocephale, cynocephalus
  • Cultura: Mitología griega antigua; luego incorporados en tradiciones medievales cristianas, árabes y asiáticas
  • Tipo de ser: Criatura híbrida; raza legendaria de bárbaros con características caninas
  • Dominio: Frontera entre lo humano y lo animal; guardianes de territorios remotos
  • Símbolos: Cabeza de perro, ferocidad, naturaleza salvaje, otredad, barbarie, lealtad
  • Hábitat legendario: Montañas de la India, islas del océano Índico, márgenes del mundo conocido
  • Equivalencias: Anubis (Egipto), Cerbero (Grecia), Fenrir (Nórdica), Garmr (Nórdica)

¿Quién es Cynocephali?

Los Cynocephali representan una categoría de seres mitológicos que desafía las categorías binarias tradicionales de hombre y animal. A diferencia de los dioses zoomórficos que adoptan características animales como símbolos de poder o dominio, los cynocéfalos son descritos como una raza entera de humanoides cuya característica definitoria es poseer una cabeza completamente canina mientras mantienen un cuerpo humano. Esta combinación los sitúa en una posición única dentro del pensamiento mitológico y antropológico antiguo.

Según los relatos antiguos, los Cynocephali no eran seres únicos o héroe singular, sino una población, una etnia o una raza entera. Esta característica los distingue de otras criaturas mitológicas del mundo grecorromano. Su existencia fue presentada a menudo como geográficamente localizada, específicamente en regiones exóticas y remotas que los griegos conocían poco o nunca habían visitado. Esta ubicación periférica es crucial para entender su función en el pensamiento antiguo: funcionaban como proyecciones del miedo a lo desconocido y como herramientas narrativas para describir la alteridad radical.

La naturaleza de los Cynocephali generó considerable especulación en los mundos antiguo y medieval. ¿Eran animales que habían adquirido características humanas? ¿Eran seres humanos transformados? ¿O representaban una especie completamente separada? Estas preguntas no tenían respuestas definitivas, y esa ambigüedad es precisamente lo que permitió que el mito persistiera y evolucionara a lo largo de los siglos.

Origen y etimología

El término Cynocephali proviene directamente del griego antiguo, combinando dos palabras: kynos (κύνος), que significa «perro», y kephalē (κεφαλή), que significa «cabeza». La etimología es transparente y literal: literalmente, «cabeza de perro». Este término fue empleado por historiadores y geógrafos griegos para describir a pueblos que, según su conocimiento (frecuentemente imperfecto), habitaban en territorios remotos.

La primera mención documentada de los Cynocephali aparece en los escritos de Heródoto, el historiador griego del siglo V a.C. conocido como «el padre de la historia». En su obra, Heródoto describe a una tribu que habitaba las montañas de la India con características tanto humanas como caninas. Es importante notar que Heródoto no siempre distinguía claramente entre sus observaciones directas y los relatos de terceros, una práctica común entre historiadores antiguos. Sus descripciones de pueblos lejanos frecuentemente incluían elementos fantásticos que reflejaban más el imaginario griego que la realidad etnográfica.

Otros historiadores y geógrafos griegos posteriores ampliaron estas referencias. Plinio el Viejo, en su monumental obra de historia natural compilada en el primer siglo de la era común, también menciona a los cynocéfalos como habitantes de regiones exóticas. Plinio, como Heródoto, se basaba en gran medida en relatos de segunda mano de viajeros y comerciantes. La falta de investigación directa permitía que la fantasía se entrelazara inextricablemente con la realidad reportada.

Durante la Edad Media, la etimología griega se mantuvo, pero la interpretación de estos seres cambió significativamente. Los eruditos medievales cristianos heredaron la tradición literaria griega y romana, pero reinterpretaron a los Cynocephali a través de la lente del pensamiento cristiano, viéndolos como pueblos paganos que requerían conversión o como manifestaciones de la maldad y la desviación del plan divino.

Es fascinante que a pesar de la falta de evidencia arqueológica o antropológica de la existencia real de los Cynocephali, el término persista a través de milenios de historia intelectual occidental. Esto demuestra el poder de la narrativa literaria y la transmisión de mitos a través de la repetición y reinterpretación.

Apariencia y atributos

Las descripciones antiguas de los Cynocephali varían considerablemente dependiendo de la fuente, pero ciertos elementos comunes emergen de los relatos históricos y legendarios. El rasgo más distintivo, obviamente, era su cabeza completamente canina. Según los textos antiguos, esta cabeza presentaba características realistas de un perro o un lobo: mandíbulas prominentes, colmillos visibles, orejas puntiagudas y, generalmente, se les describía con pelaje.

El cuerpo, en contraste, era descrito como fundamentalmente humano. Portaban armas, vestidos y utilizaban herramientas, indicando un nivel de inteligencia y organización social similar al de los humanos. Esta combinación de cabeza animal y cuerpo humano crea una imagen profundamente inquietante, lo que probablemente fue exactamente el punto: estos seres fueron diseñados narrativamente para causar perplejidad y perturbación, para encarnar la alteridad total.

En términos de atributos y habilidades, los Cynocephali poseían características que combinaban lo humano y lo canino. Se les atribuía una ferocidad excepcional, similar a la de los perros salvajes o los lobos, pero junto con una inteligencia humana que les permitía utilizar armas, crear sociedades y comunicarse. Algunas tradiciones les otorgaban agudeza sensorial superior: visión nocturna, olfato extraordinario e instintos de cazadores letales.

En algunos relatos medievales, particularmente en bestiarios cristianos, los Cynocephali son descritos con variaciones aún más extremas: algunos supuestamente podían hablar lenguajes humanos, otros se consideraba que solo emitían ladridos y aullidos. Esta inconsistencia refleja que no había una definición canónica estable del cynocéfalo; cada narrador tenía libertad para ajustar los detalles según sus necesidades narrativas o intenciones ideológicas.

Se les vinculaba frecuentemente con cualidades de guardianía y vigilancia. Un perro es, en muchas culturas, un guardián leal; un Cynocephali, siendo inteligente además de tener la ferocidad canina, sería un guardián supremo. Por esta razón, algunos relatos los describían como guardianes de tesoros, de fronteras geográficas o de conocimiento sagrado.

Mitos y leyendas

La tribu india de Heródoto

La narración más influyente sobre los Cynocephali proviene de Heródoto, quien en sus historias describe a una tribu de gente con cabeza de perro que habitaba en las montañas de la India. Heródoto reporta que estos seres vivían según sus propias leyes y costumbres, cazaban animales salvajes para su subsistencia y poseían una lengua completamente ajena a la de los pueblos circundantes. Aunque no proporciona fuentes específicas para esta información, presenta la narrativa como algo conocido en su época entre los marineros y mercaderes griegos que viajaban hacia oriente.

Lo notable de la descripción de Heródoto es que humaniza al Cynocephali en ciertos aspectos: tienen sociedades, leyes, lengua propia. Sin embargo, la transformación de su cabeza en algo animal fundamental los separa del resto de la humanidad. Esta estrategia narrativa fue utilizada frecuentemente en la antigüedad para describir a pueblos considerados bárbaros: se reconocía su civilización parcial, pero se subrayaba su diferencia radical mediante características físicas fantásticas.

Los relatos de Plinio y la geografía fantástica

Plinio el Viejo, escribiendo varios siglos después de Heródoto durante el Imperio Romano en el siglo I d.C., incluye a los cynocéfalos en su enciclopédica Historia Naturalis. Plinio organiza el mundo según sus conocimientos (y fantasías) geográficas, y sitúa a estos seres en diversas ubicaciones: montañas de Etiopía, islas del océano Índico y otras regiones remotas. Plinio agrega más detalle sobre sus costumbres: supuestamente poseían herramientas rudimentarias, se comunicaban mediante ladridos complejos que comprendían entre ellos, y en algunos relatos, incluso utilizaban ropa.

Plinio presenta estas descripciones como hechos naturales compilados de múltiples fuentes, sin separar claramente la información verificada de la legendaria. Esta fusión fue característica de la zoología antigua y la geografía: el conocimiento se mezclaba libremente con la especulación y la fantasía. El resultado fue una cosmografía rica en criaturas y pueblos maravillosos, algunos de los cuales tenían raíces en realidades distorsionadas, mientras que otros eran puramente imaginarios.

Los Cynocephali en la tradición medieval cristiana

Durante la Edad Media, la leyenda de los Cynocephali fue transformada y reinterpretada a través de la lente cristiana. El cristianismo medieval generó una vasta literatura de maravillas del mundo, incluyendo compilaciones de bestiarios que describían criaturas reales e imaginarias según sus propias categorías teológicas y morales. Los Cynocephali ocuparon un lugar particular en esta tradición: funcionaban como ejemplos de humanidad distorsionada, seres cuya apariencia reflejaba la desviación del orden divino.

Algunos teólogos medievales llegaron a debatir si los Cynocephali poseían almas inmortales, si eran capaces de recibir la fe cristiana y si podían ser considerados completamente humanos. Estos debates reflejaban preocupaciones teológicas profundas sobre la naturaleza de la humanidad, la imagen divina y los límites de la comunidad cristiana. Algunos textos afirman que misioneros cristianos intentaron convertir a los Cynocephali a la verdadera fe, tratando su apariencia animal como una enfermedad del cuerpo que no afectaba la capacidad del alma para salvarse.

En la tradición cartográfica medieval, los Cynocephali aparecen frecuentemente en los márgenes de los mapamundis, en las regiones no exploradas o poco conocidas. Estas representaciones servían como recordatorios del misterio que rodeaba a los confines del mundo conocido y de la variedad infinita de creaciones divinas.

Marco Polo y los relatos de viajeros

Durante el período medieval tardío, el famoso viajero veneciano Marco Polo (1254-1324) reportó observaciones que algunos han conectado con la leyenda de los Cynocephali. Según algunos relatos de sus viajes a través de Asia, Marco Polo describió pueblos con características inusuales en las islas Andamán y otras regiones del océano Índico. Aunque no utilizó específicamente el término «Cynocephali», sus descripciones de pueblos salvajes con características distintivas alimentaron la creencia de que tales criaturas realmente existían en territorios remotos.

Los relatos de Marco Polo fueron ampliamente difundidos en Europa y reforzaron la creencia en la existencia de pueblos maravillosos. Su testimonio, aunque no específicamente sobre Cynocephali, prestó credibilidad a toda la tradición de criaturas extraordinarias en tierras lejanas. La autoridad de un viajero que realmente había atravesado Asia daba un peso que los relatos antiguos no poseían.

Sin embargo, es crucial entender que los relatos de Marco Polo, como los de Heródoto y Plinio, pasaban por múltiples filtros de interpretación cultural. Lo que Marco Polo observaba —pueblos con costumbres inusuales, apariencia diferente o rituales desconocidos— era reinterpretado a través de las expectativas europeas. Los encuentros con pueblos reales eran transformados en narrativas de lo maravilloso, reflejando más sobre la imaginación medieval que sobre la realidad antropológica.

El Cynocephali San Cristóbal

Una de las manifestaciones más fascinantes de la leyenda de los Cynocephali en la tradición cristiana es la figura de San Cristóbal. Según algunas hagiografías tempranas, San Cristóbal —quien eventualmente se convirtió en el santo patrono de los viajeros— fue originalmente un miembro de una raza cynocéfala. Su conversión al cristianismo implicó una transformación milagrosa: su cabeza de perro se convirtió en una cabeza humana, simbolizando la redención espiritual a través de la fe cristiana. Esta fusión de la leyenda de los Cynocephali con la tradición cristiana es un ejemplo perfecto de cómo las mitologías antiguas fueron absorbidas y reinterpretadas por la tradición medieval.

La historia de San Cristóbal demuestra cómo el término «Cynocephali» no designaba necesariamente a un grupo completamente alejado de la humanidad cristiana. Con la gracia divina, podían ser redimidos, transformados, llevados al redil de la fe cristiana. Su apariencia canina podía ser un estado de corrupción o ignorancia que podía ser rectificado.

Simbolismo y significado

Los Cynocephali operaban en múltiples niveles simbólicos en las diversas culturas que los incorporaron en sus narrativas. El nivel más básico era puramente geográfico y epistemológico: representaban lo desconocido, lo inexplorado, la frontera del mundo conocido. Una región que contenía cynocéfalos era un lugar de misterio, peligro y potencial maravilla, un lugar donde las reglas normales de la naturaleza no se aplicaban.

En un nivel más profundo, los Cynocephali simbolizaban la transgresión de límites categoriales. Los humanos tenían cabezas humanas; los perros tenían cabezas caninas. Un Cynocephali, al poseer ambas características de forma paradójica, representaba una violación de la estructura clasificatoria del mundo natural. Esto los hacía profundamente inquietantes desde una perspectiva simbólica. El simbolista ambigüedad de los Cynocephali los convertía en vehículos perfectos para explorar ansiedades sobre la naturaleza, la identidad y los límites del «yo» humano.

En la tradición cristiana medieval, los Cynocephali tomaron un significado más específicamente moral y teológico. Su forma «degradada», con la cabeza animal, podía ser interpretada como un castigo por la impiedad, la ignorancia o la distancia de la gracia divina. Inversamente, su potencial para la redención —como en la leyenda de San Cristóbal— simbolizaba el poder universal de la fe cristiana para transformar incluso a los más alejados del orden divino.

Para algunos pensadores antiguos y medievales, los Cynocephali podían representar estadios evolutivos o involutivos de la humanidad. Si los humanos poseían razón y los animales instinto, ¿qué representaba un ser que combinaba ambos? ¿Un ser en transición? ¿Una degeneración? ¿Una forma alternativa de ser? Estas preguntas no tenían respuestas definitivas, pero la existencia de los Cynocephali en la mitología permitía que tales preguntas fuesen contempladas.

En contextos de lealtad y guardiania, los Cynocephali podrían simbolizar la protección absoluta, la vigilancia incesante y la devoción inquebrantable. Un guardián humano puede ser corrompido; un guardián animal podría ser entrenado o engañado. Un Cynocephali, con inteligencia humana e instintos caninos de lealtad, representaría el guardián perfecto e insobornible.

Relaciones con otros seres

Cynocephali frente a Cerbero

Cerbero, el famoso perro de tres cabezas que custodiaba las puertas del Hades en la mitología griega, comparte con los Cynocephali un elemento fundamental: la combinación de naturaleza canina con poder y propósito sobrenatural. Sin embargo, las diferencias son notables. Cerbero es una criatura singular, un monstruo específico del panteón griego, mientras que los Cynocephali representan una raza o población entera. Cerbero es esencialmente una bestia, aunque sobrenatural, mientras que los Cynocephali son humanoides con capacidades de razonamiento, lenguaje y organización social.

Cerbero funciona como una barrera entre mundos, un guardián de un lugar sagrado específico. Los Cynocephali, por el contrario, funcionan como poblaciones que habitan territorios remotos, operando según sus propias leyes y estructuras sociales. La diferencia refleja categorías mitológicas distintas: Cerbero es un artefacto del orden cósmico griego, mientras que los Cynocephali son más bien construcciones etnográficas, intentos de describir a pueblos distantes.

Cynocephali frente a Anubis

Anubis, el dios del antiguo Egipto con cabeza de chacal, representa una estrategia completamente diferente de híbrido divino. Anubis es un dios, una entidad de poder sobrenatural infinito, que asume una forma particular con cabeza de chacal para manifestarse en el mundo físico. Su cabeza de animal es un símbolo de su dominio sobre lo animal y lo salvaje, una representación visual de sus atributos y poder.

Los Cynocephali, por el contrario, no son divinos ni sobrenaturales en sí mismos. Son seres naturales (aunque fantásticos) con forma característica de cabeza canina. Si Anubis elige la forma de chacal, los Cynocephali nacen con ella. La diferencia ontológica es crucial: uno es una deidad que se manifiesta en forma animal; los otros son razas de humanoides que naturalmente poseen características caninas.

Cynocephali frente a Fenrir

Fenrir, el lobo gigante de la mitología nórdica, representa otra categoría de ser canino-mitológico. Fenrir es primordialmente un animal, aunque de tamaño colosal y poder sobrenatural. Aunque hijo de Loki, una deidad trickster, Fenrir no posee inteligencia humana de la manera que se describe a los Cynocephali. Fenrir es feroz, destructivo y destinado a un rol cataclísmico en el Ragnarok.

Los Cynocephali, por el contrario, son descritos con vida social, lenguaje, herramientas y organización civil. No son símbolos de destrucción cósmica, sino de diferencia etnográfica y una forma alternativa de humanidad. La distinción refleja diferentes tradiciones mitológicas y sus preocupaciones centrales: la mitología nórdica con cataclic destino cósmico; la griega y medieval con geografía, etnografía e identidad.

Cynocephali frente a criaturas híbridas clásicas

La mitología griega clásica está repleta de criaturas híbridas: el Minotauro (cuerpo humano con cabeza de toro), las Arpías (cara humana con cuerpo de pájaro), los Centauros (parte humano, parte caballo). Los Cynocephali comparten con estos seres la característica de ser híbridos, combinaciones de características humanas y animales. Sin embargo, cada uno funciona diferentemente en el esquema mitológico.

El Minotauro es un monstruo único, resultado de una unión contra natura, simbolizando la hybris y la punición. Los Centauros existen en poblaciones y frecuentemente encarnan el conflicto entre lo civilizado y lo salvaje. Los Cynocephali, como los Centauros, existen como poblaciones, pero su diferencia física es más localizada (cabeza vs. mitad inferior del cuerpo) y su significado está más amarrado a geografía etnográfica que a filosofía moral clásica sobre civilización versus salvajismo.

Influencia cultural y legado

La influencia de los Cynocephali se extiende mucho más allá de la antigüedad clásica o incluso de la Edad Media. Aunque dejaron de ser considerados literalmente como pueblos reales que existían en algún lugar del mundo a partir del Renacimiento, cuando el conocimiento geográfico mejoró y la exploración europea de otros continentes proporcionó una visión más precisa de los pueblos del mundo, el concepto de Cynocephali persistió en el imaginario cultural.

Durante la Edad Media tardía y el Renacimiento, los bestiarios y los tratados de geografía fantástica siguieron reflejando imágenes y descripciones de Cynocephali, incluso a medida que otras criaturas mitológicas y legendarias caían en desuso. La persistencia de estos seres en la iconografía cultural sugiere que cumplían una función psicológica o cultural duradera: proporcionaban una forma de pensar sobre la alteridad, sobre lo que significa ser diferente, sobre los límites de la humanidad.

En la era moderna, los Cynocephali han sido reinterpretados en la fantasía especulativa. La literatura de fantasía, los videojuegos de rol y los mundos imaginarios de fantasía contemporánea frecuentemente incluyen razas humanoides con características caninas. Aunque estas creaciones modernas se inspiran en tradiciones genéricas de criaturas híbridas más que específicamente en los Cynocephali históricos, revelan la persistencia de este arquetipo en la imaginación humana.

Los Cynocephali también han jugado un papel en la historia intelectual de Europa, funcionando como casos de estudio para los especialistas que exploran cómo las culturas antiguas y medievales entendían la geografía, la etnografía, la clasificación del mundo natural y la naturaleza de la humanidad. Su persistencia en el pensamiento occidental, a pesar de nunca haber existido físicamente, demuestra el poder de la narrativa y la transmisión cultural del conocimiento (verdadero o falso).

Curiosidades

  • El término griego kynos (perro) aparece también en otros contextos antiguos: la constelación de Canis Major y Canis Minor llevan nombres derivados de esta misma raíz, demostrando el rol central que los perros jugaban en la cosmología y clasificación del universo según los griegos antiguos.
  • Algunos estudiosos medievales argumentaban que si los Cynocephali realmente existían, su capacidad para usar herramientas y hablar indicaba que tenían almas inmortales, desafiando las nociones contemporáneas de qué separaba a los humanos de los animales.
  • En los bestiarios medievales, los Cynocephali frecuentemente aparecían en el mismo volumen que criaturas puramente fantásticas (dragones, grifos) sin un sistema consistente para diferenciar lo posiblemente real de lo puramente legendario.
  • La islas de Andamán, mencionadas por Marco Polo en conexión con pueblos inusuales, efectivamente albergaban poblaciones indígenas (los andamaneses) cuya apariencia física, idioma y costumbres eran dramáticamente diferentes de los estándares europeos, alimentando historias de criaturas exóticas.
  • El concepto de transformación de Cynocephali en humano (como en la leyenda de San Cristóbal) presagia el concepto moderno de evolución: la idea de que una forma de ser podría transformarse en otra con el tiempo o bajo circunstancias especiales.
  • Plinio el Viejo no fue el único compilador romano que reflejó descripciones de Cynocephali; el geógrafo Estrabón también menciona a pueblos con características caninas, aunque con notable escepticismo sobre su existencia.
  • En la era moderna, los Cynocephali han inspirado razas de humanoides en universos de fantasía populares, aunque frecuentemente bajo diferentes nombres (no siempre se reconoce la conexión con la tradición clásica).

Preguntas frecuentes sobre Cynocephali

¿Realmente existieron los Cynocephali?

No existe evidencia arqueológica, antropológica o paleontológica de que los Cynocephali nunca existieron realmente como una raza o especie de seres. Lo que probablemente sucedió es que los antiguos griegos y otros pueblos, cuando contactaban a culturas radicalmente diferentes (en apariencia, idioma, costumbres), exageraban o malinterpretaban estas diferencias, creando descripciones fantásticas que incluían características animales exageradas. Los Cynocephali eran una forma de procesar la alteridad radical: si los otros son muy diferentes, ¿qué tan diferentes podrían ser? Tal vez no completamente humanos.

¿Qué significa la presencia de Cynocephali en la cosmografía medieval?

La presencia de Cynocephali en los mapamundis medievales y en los tratados geográficos demuestra que los pensadores medievales heredaron las categorías de pensamiento del mundo antiguo sin cuestionarlas completamente. Los Cynocephali funcionaban como marcadores de los límites del mundo conocido, símbolos de lo que permanecía inexplorado y misterioso. También reflejaban ansiedades medievales sobre la variedad de creaciones divinas y cómo encajar a pueblos radicalmente diferentes dentro de una cosmovisión cristiana.

¿Cómo se relacionan los Cynocephali con la religión cristiana medieval?

La religión cristiana medieval reinterpretó a los Cynocephali de formas que reflejaban preocupaciones teológicas. Un ser con cabeza de perro pero cuerpo humano planteaba preguntas sobre la imagen divina, sobre si todas las criaturas racionales podían ser redimidas a través de la fe, y sobre si la apariencia externa determinaba la capabilidad del alma. La leyenda de San Cristóbal transformado desde la forma de Cynocephali a la forma humana es un ejemplo de cómo estos seres fueron incorporados en narrativas de redención espiritual.

¿Por qué desapareció la creencia en los Cynocephali?

Con el avance de la geografía empírica durante la era de la exploración europea (siglos XV-XVIII), el mundo fue cartografiado más precisamente y los pueblos distantes fueron conocidos directamente. La expansión del conocimiento geográfico real eliminó el espacio imaginario donde los Cynocephali podían existir: no había lugar en el mundo real para una raza de humanoides con cabeza de perro. La creencia en los Cynocephali como habitantes reales de territorios específicos disminuyó gradualmente a medida que el misterio geográfico fue despejado por la información factual.

Además, también te puede interesar...

mitologicus
Privacy Overview

This website uses cookies so that we can provide you with the best user experience possible. Cookie information is stored in your browser and performs functions such as recognising you when you return to our website and helping our team to understand which sections of the website you find most interesting and useful.