Pelias

En la mitología griega, Pelias es uno de los reyes más complejos y trágicos: hijo del dios del mar Poseidón y de la mortal Tiro, usurpó el trono de Yolco y, al intentar escapar de una profecía que anunciaba su caída, desencadenó sin quererlo el legendario viaje de Jasón y los Argonautas en busca del Vellocino de Oro. Su historia termina de la manera más cruel posible: asesinado por sus propias hijas, engañadas por la hechicera Medea.
- Resumen rápido
- Datos básicos
- ¿Quién es Pelias en la mitología griega?
- Origen y etimología de Pelias
- Apariencia y atributos
- Mitos y leyendas sobre Pelias
- Simbolismo y significado de Pelias
- Relaciones con otros seres mitológicos
- Influencia cultural y legado de Pelias
- Curiosidades sobre Pelias
- Preguntas frecuentes sobre Pelias
Resumen rápido
Pelias es un personaje central de la mitología griega, rey de Yolco y figura antagonista en el ciclo mítico de Jasón. Su importancia radica en que su ambición y su temor al destino son el motor que pone en marcha uno de los viajes heroicos más famosos de la Antigüedad, convirtiéndolo en un ejemplo clásico del tirano que, al huir de su propia ruina, la acelera.
Datos básicos
- Nombre: Pelias (en griego antiguo, Πελίας)
- Cultura: Griega
- Tipo de ser: Héroe o semidiós mortal, rey
- Dominio: Realeza de Yolco (región de Tesalia)
- Padre: Poseidón, dios del mar
- Madre: Tiro, princesa mortal de Tesalia
- Hermano gemelo: Neleo
- Hermanastro: Esón (hijo de Tiro y de Creteo)
- Hijos: Alcestis, Acasto y otras hijas cuyo número varía según la fuente
- Símbolos asociados: El trono usurpado, la sandalia perdida, el caldero de Medea
- Equivalencias: No tiene equivalente directo en otras mitologías, aunque comparte rasgos del arquetipo del rey tirano con figuras como Augias en la tradición griega o Layo en el ciclo tebano
¿Quién es Pelias en la mitología griega?
Pelias es uno de los antagonistas más recordados de la mitología griega clásica. No se trata de un monstruo ni de un dios vengativo, sino de algo quizás más inquietante: un hombre de carne y hueso —aunque con sangre divina en sus venas— que ejerce el poder de forma despiadada y cuya ruina nace de sus propias decisiones. Su figura aparece sobre todo en el ciclo mítico de los Argonautas, donde actúa como el detonante que obliga a Jasón a emprender su famosa expedición.
Como rey de Yolco, Pelias gobernó una de las ciudades más importantes de la Tesalia mítica. Sin embargo, ese trono no le correspondía por derecho: lo obtuvo arrebatándoselo a su hermanastro Esón, legítimo heredero. Esta usurpación inicial es el pecado original que marcará toda su trayectoria. Desde ese momento, Pelias vive atormentado por una profecía que anuncia su caída a manos de un descendiente de Eolo, y cada decisión que toma para evitar ese destino termina por acercarlo más a él.
En el imaginario griego, Pelias encarna la hybris —el exceso de orgullo y ambición que desafía el orden divino— y las consecuencias inevitables que ese exceso acarrea. No es un villano unidimensional: hay en él una vulnerabilidad genuina, el miedo de quien sabe que vive con tiempo prestado. Esa tensión entre poder y terror es lo que hace de Pelias un personaje tan duradero en la memoria cultural de Occidente.
Origen y etimología de Pelias
El nombre Pelias proviene del griego antiguo Πελίας. Algunos especialistas lo relacionan con la raíz pēlos (πηλός), que significa «barro» o «tierra oscura», aunque otros apuntan a una posible conexión con pelios (πέλιος), que puede traducirse como «amoratado» o «lívido», quizás en referencia a una marca de nacimiento o a algún rasgo físico que la tradición le atribuía. Ninguna de estas etimologías está definitivamente establecida, y los especialistas consideran que el significado original del nombre podría haberse perdido o modificado a lo largo de la transmisión oral de los mitos.
Su nacimiento mezcla lo divino con lo mortal de un modo que es muy característico de la mitología griega. Su madre, Tiro, era hija de Salmoneo y nieta de Eolo, el ancestro mítico de los eolios. Según la tradición, Poseidón se enamoró de ella y se presentó ante Tiro bajo la apariencia del río Enipeo, del que la joven estaba enamorada. De esa unión nacieron dos gemelos: Pelias y su hermano Neleo. Tiro, sin embargo, abandonó a los niños tras el parto —ya fuera por vergüenza o por presión de su entorno—, y los dos gemelos crecieron de manera separada, aunque ambos llegarían a ser reyes de territorios distintos: Pelias en Yolco y Neleo en Pilos.
Posteriormente, Tiro se casó con Creteo, rey de Yolco, con quien tuvo a Esón, Feres y Amitaón. Esto convierte a Esón en el hermanastro de Pelias, hijo legítimo del rey y heredero natural del trono. La relación entre ambos hermanastros sería el eje del conflicto político que Pelias desencadenaría años más tarde al arrebatarle el poder.
Apariencia y atributos
Las fuentes antiguas no ofrecen una descripción física detallada y estandarizada de Pelias, algo habitual en el caso de héroes y reyes mortales de la mitología griega, cuya caracterización tiende a ser más narrativa que iconográfica. Lo que sí transmiten los mitos es una imagen de hombre poderoso, ya entrado en años cuando Jasón llega a Yolco —en algunas versiones se le describe como anciano—, lo que refuerza la lógica del engaño de Medea, que prometió a sus hijas devolverle la juventud.
Como hijo de Poseidón, Pelias heredó una vitalidad y una fuerza excepcionales, aunque su dominio no era el mar sino la tierra firme: el palacio, el trono, el ejército. Sus atributos son, fundamentalmente, los de un rey: el cetro, la corona y la autoridad sobre Yolco. En el arte cerámico griego, cuando Pelias aparece representado, suele mostrársele en escenas relacionadas con la llegada de Jasón a su corte o con el episodio final de su muerte en el caldero, que fue un tema especialmente popular en la cerámica ática.
En sentido simbólico, el atributo más memorable asociado a Pelias no es ningún objeto físico, sino una ausencia: la sandalia que le falta a Jasón. Ese zapato perdido es la señal que Pelias reconoce y teme, el cumplimiento visible de la profecía que lleva años intentando evitar.
Mitos y leyendas sobre Pelias
La usurpación del trono de Yolco
Tras la muerte de Creteo, el trono de Yolco debía pasar a Esón, su hijo legítimo. Sin embargo, Pelias —apoyado en su linaje divino como hijo de Poseidón y en su propia ambición— se hizo con el poder por la fuerza. Según algunas versiones del mito, Esón fue encarcelado o mantenido bajo arresto domiciliario, aunque se le permitió vivir. En otras tradiciones, Esón llegó a ser obligado a beber sangre de toro como forma de suicidio «aceptable» para evitar una ejecución pública que hubiera levantado demasiadas resistencias.
Para proteger al hijo de Esón —el futuro Jasón— del alcance de Pelias, su familia lo confió al centauro Quirón, el sabio maestro del monte Pelión, que educó al joven en las artes de la guerra, la medicina, la música y la sabiduría. Así, Jasón creció lejos de Yolco, ignorado o dado por muerto por Pelias, hasta que llegó el momento de reclamar su herencia.
La profecía y el hombre del zapato
Como tantos otros gobernantes de la mitología griega, Pelias consultó el oráculo para conocer su destino. La respuesta fue inquietante: debía guardarse del hombre que llegara con un solo calzado. A partir de ese momento, Pelias vivió en alerta constante, controlando quién entraba a su ciudad y examinando a los visitantes con desconfianza.
El momento temido llegó el día en que Jasón, ya adulto, emprendió el camino hacia Yolco para reclamar el trono que le correspondía. Durante el trayecto, se encontró con una anciana en la orilla de un río que necesitaba ayuda para cruzar. Jasón la cargó sobre sus hombros, pero al atravesar la corriente perdió una sandalia en el barro. La anciana, según la mayoría de las versiones, era la diosa Hera disfrazada, que de este modo puso a prueba la generosidad del joven y, al mismo tiempo, activó la señal de la profecía. Cuando Jasón se presentó ante Pelias con un solo zapato, el rey lo reconoció de inmediato como el hombre de la predicción.
El encargo imposible: la expedición de los Argonautas
Ante la llegada de Jasón, Pelias no podía actuar con violencia abierta sin arriesgarse a perder legitimidad ante su pueblo. En su lugar, recurrió a una estratagema: le prometió entregarle el trono si cumplía antes una misión que consideraba imposible. Jasón debía navegar hasta la lejana Cólquide —en la orilla oriental del mar Negro— para recuperar el Vellocino de Oro, la piel del carnero divino que colgaba en el bosque sagrado de Ares, custodiado por un dragón que nunca dormía.
Pelias calculó que Jasón moriría en el intento. La travesía era enormemente peligrosa: implicaba cruzar mares desconocidos, enfrentarse a criaturas sobrenaturales y negociar con reyes extranjeros. Sin embargo, el plan se volvió en su contra. Jasón reunió a los mejores héroes de Grecia —entre ellos Heracles, Orfeo, Cástor y Pólux, Telamón y muchos otros—, construyó la nave Argo con ayuda de la diosa Atenea y partió en la expedición que la Antigüedad recordaría como uno de los viajes más célebres de toda la mitología.
Los Argonautas superaron pruebas que habrían destruido a cualquier otro grupo: las rocas Simplégades que chocaban entre sí, las harpías que torturaban al rey Fineo, los guerreros nacidos de los dientes de dragón sembrados por el rey Eetes de Cólquide. Al final, fue la magia y el amor de Medea, hija del rey Eetes y nieta del dios Helios, lo que inclinó la balanza. Medea traicionó a su padre, ayudó a Jasón a obtener el Vellocino y huyó con él hacia Grecia.
El regreso de Jasón y el engaño de Medea
Cuando Jasón regresó victorioso a Yolco con el Vellocino de Oro y con Medea como esposa, Pelias no tenía intención de cumplir su promesa. Según la mayoría de las versiones, el rey simplemente se negó a ceder el trono, argumentando diversas razones. Fue entonces cuando Medea tomó el asunto en sus manos con una crueldad calculada.
La hechicera ideó un plan que explotaba el amor filial de las hijas de Pelias. Para convencerlas de que su magia era real y benéfica, realizó una demostración ante ellas: tomó un viejo carnero, lo descuartizó, lo introdujo en un caldero con hierbas especiales y, tras entonar sus encantamientos, hizo salir del caldero a un cordero joven y vivo. Las hijas de Pelias quedaron deslumbradas. Medea les dijo entonces que podía hacer lo mismo con su anciano padre: si lo cortaban en pedazos y lo hervían en el caldero con las hierbas adecuadas, Pelias rejuvenecería.
Las hijas —entre las que destacan los nombres de Alcestis, aunque algunas fuentes la presentan como la única que se negó a participar en el acto— obedecieron a Medea creyendo que hacían un bien a su padre. Lo que no sabían es que Medea no tenía intención de revelarles los encantamientos necesarios para completar el proceso. Pelias fue descuartizado y hervido, pero nunca volvió a la vida. Su muerte fue atroz, y quienes la ejecutaron fueron sus propias hijas, inocentes instrumentos de la venganza de Medea y el destino de Jasón.
El episodio tuvo consecuencias graves para Jasón y Medea: la ciudad de Yolco se horrorizó ante el crimen, y Acasto, hijo de Pelias, los expulsó. La pareja huyó a Corinto, donde su historia continuaría —y terminaría también en tragedia.
Simbolismo y significado de Pelias
Pelias es, ante todo, un símbolo de la hybris, ese exceso de orgullo o ambición que en la cosmovisión griega atrae inevitablemente el castigo de los dioses. Su pecado original fue arrebatar lo que no le correspondía; su error perpetuo fue intentar doblar el destino a su voluntad. Cada medida que toma para protegerse —desterrar a Esón, enviar a Jasón a una misión mortal— termina por crear las condiciones exactas de su propia destrucción. En este sentido, Pelias ilustra uno de los grandes axiomas de la tragedia griega: quien huye del destino corre hacia él.
Su historia también explora la tensión entre legitimidad y poder. Pelias tiene la fuerza y la inteligencia para gobernar, pero carece de la legitimidad que otorga el derecho de nacimiento en la lógica heroica griega. Esa fractura entre lo que tiene y lo que merece genera en él una inseguridad crónica que lo convierte en un tirano: siempre atento a amenazas, siempre dispuesto a usar la violencia o el engaño para mantenerse en el trono.
El modo en que muere Pelias añade otra capa de significado: no cae en combate, no es fulminado por un rayo divino ni devorado por un monstruo. Muere a manos de sus propias hijas, engañadas por una extranjera. Hay en ello una ironía profunda: el mismo afecto familiar que podría haber sido su salvación se convierte en el arma de su destrucción.
Relaciones con otros seres mitológicos
Pelias y Jasón: el tirano y el héroe
La relación entre Pelias y Jasón es la de un antagonista que, paradójicamente, da sentido al héroe. Sin el encargo imposible de Pelias, no habría expedición de los Argonautas, no habría Vellocino de Oro, no habría epopeya. Pelias y Jasón funcionan como espejo el uno del otro: ambos son descendientes de Eolo, ambos reclaman el mismo trono, pero mientras Jasón actúa con valor abierto —aunque no siempre con rectitud—, Pelias opera desde la trampa y el disimulo. El contraste entre ambos define los valores que la mitología griega quería transmitir sobre el buen y el mal gobierno.
Pelias y Medea: el tirano y la hechicera
Medea nunca tuvo un enfrentamiento directo con Pelias; de hecho, la muerte del rey se produjo precisamente porque Medea evitó el enfrentamiento frontal. La hechicera utilizó la inteligencia allí donde la fuerza habría fracasado. En este sentido, la relación entre ambos personajes es la de una víctima indirecta y una ejecutora indirecta: Pelias pagó por haber tratado de destruir a Jasón, y Medea actuó no por justicia abstracta sino por amor y lealtad a su esposo. La figura de Medea, mucho más compleja que la de simple villana, contrasta con la de Pelias en que ella, al menos en este episodio, actúa movida por una emoción reconocible y humana.
Pelias y Neleo: dos hermanos, dos destinos
Neleo, el hermano gemelo de Pelias, tomó un camino diferente. Expulsado o marginado por Pelias en la disputa por el trono de Yolco —las versiones varían—, Neleo fundó la ciudad de Pilos en el Peloponeso y se convirtió en el padre del sabio Néstor, uno de los líderes griegos en la guerra de Troya. La contraposición entre los dos hermanos es significativa: Pelias, que se quedó con el poder por la fuerza, terminó destruido; Neleo, que partió sin nada, fundó un linaje ilustre. La mitología griega usa este contraste para reflexionar sobre las formas legítimas e ilegítimas de construir una herencia.
Pelias y Esón: el usurpador y el despojado
Esón, el hermanastro legítimo de Pelias, representa la contrafigura del rey justo que fue privado de su derecho. La relación entre ambos es la que origina todo el conflicto: sin la usurpación de Pelias, Jasón habría crecido como príncipe en la corte de Yolco y no habría necesidad de profecías ni de expediciones. Esón aparece como una figura trágica y pasiva en la mayoría de las versiones: sufre el despojo sin poder revertirlo, y su salvación, cuando llega, depende de la acción de su hijo y de Medea, no de sus propios méritos.
Influencia cultural y legado de Pelias
El mito de Pelias ha tenido una presencia constante en la cultura occidental desde la Antigüedad. En el teatro griego clásico, la muerte de Pelias fue objeto de al menos una tragedia de la que se conservan fragmentos o menciones —aunque muchas obras de los grandes trágicos se han perdido con el paso del tiempo—. El episodio del caldero de Medea y las hijas de Pelias fue especialmente popular en la cerámica ática, donde se representó con notable frecuencia en vasos y cráteras de los siglos V y IV a. C., lo que indica que era una historia muy conocida y apreciada por el público de la época.
Durante el Renacimiento y el Barroco europeo, el ciclo de los Argonautas —con Pelias como detonante— inspiró pinturas, tapices y obras dramáticas. La figura del rey que envía al héroe a una misión imposible se convirtió en un arquetipo literario reconocible, utilizado y reinterpretado en muy distintos contextos culturales.
En la cultura popular contemporánea, el mito de los Argonautas ha sido llevado al cine y a la televisión en diversas ocasiones, y Pelias aparece en estas adaptaciones como el antagonista que pone en marcha la aventura. Su papel como rey manipulador y temeroso resuena con facilidad en audiencias modernas, que reconocen en él un tipo humano atemporal: el gobernante inseguro que destruye lo que más teme perder precisamente por intentar protegerlo.
Más allá de las adaptaciones concretas, el legado de Pelias vive sobre todo en el nivel del arquetipo. Su historia ha alimentado debates filosóficos y literarios sobre el libre albedrío frente al determinismo, sobre la legitimidad del poder y sobre las consecuencias de la ambición sin freno. En este sentido, Pelias trasciende su papel de antagonista mitológico para convertirse en un espejo donde la humanidad ha reflexionado, durante más de dos milenios, sobre sus propias contradicciones.
Curiosidades sobre Pelias
- Pelias y su hermano gemelo Neleo fueron abandonados por su madre Tiro al nacer. Según algunas versiones, fueron una yegua quien los encontró y amamantó, lo que habría dejado en Pelias una marca oscura en la cara, de donde vendría su nombre.
- La sandalia perdida de Jasón en el río es uno de los motivos proféticos más reconocibles de toda la mitología griega: un objeto cotidiano convertido en señal del destino.
- Aunque Medea es quien ejecuta la muerte de Pelias, en ningún momento lo enfrenta directamente: toda su estrategia se basa en manipular los sentimientos de las hijas del rey, lo que hace del episodio un ejemplo fascinante de poder indirecto.
- Alcestis, una de las hijas de Pelias, es conocida en la mitología por un episodio completamente distinto: aceptó morir en lugar de su esposo Admeto y fue rescatada del inframundo por Heracles. Su figura es, paradójicamente, símbolo del amor conyugal más puro.
- Acasto, el hijo de Pelias, no solo expulsó a Jasón y Medea de Yolco tras la muerte de su padre, sino que más adelante protagonizó sus propios mitos, incluido un conflicto con el héroe Peleo que forma parte del ciclo mítico tesalio.
- El método de rejuvenecimiento prometido por Medea —descuartizar y hervir en un caldero— no era una invención suya: aparece en otros mitos griegos relacionados con figuras divinas, lo que sugiere que se trataba de un motivo mítico antiguo que la tradición asoció a poderes mágicos extraordinarios.
- Poseidón, padre de Pelias, es también el dios que castiga con tormentas a los navegantes. Hay una ironía mítica en que el hijo de Poseidón sea quien manda a otros a surcar el mar, en una expedición que él mismo nunca se atrevió a emprender.
Preguntas frecuentes sobre Pelias
¿Quién es Pelias en la mitología griega?
Pelias es un rey de la mitología griega que gobernó la ciudad de Yolco en Tesalia. Era hijo del dios del mar Poseidón y de la mortal Tiro, y obtuvo el trono arrebatándoselo a su hermanastro Esón. Es famoso por ser el antagonista del mito de Jasón y los Argonautas, ya que fue él quien encargó a Jasón la misión de traer el Vellocino de Oro como estratagema para deshacerse de él.
¿Cómo murió Pelias?
Pelias murió a manos de sus propias hijas, engañadas por la hechicera Medea. Esta les convenció de que podía rejuvenecer a su anciano padre si lo cortaban en pedazos y lo hervían en un caldero con hierbas mágicas, tal como había demostrado con un carnero. Las hijas obedecieron creyendo que hacían un bien, pero Medea no completó el ritual y Pelias murió sin posibilidad de resurrección.
¿Qué relación tiene Pelias con Jasón y los Argonautas?
Pelias es el detonante de toda la aventura de los Argonautas. Ante la llegada de Jasón —quien cumplía la señal de la profecía al presentarse con un solo zapato—, el rey lo envió a recuperar el Vellocino de Oro esperando que muriera en el intento. Lejos de eso, Jasón reunió a los mejores héroes de Grecia, completó la misión y regresó con Medea, quien acabó con la vida de Pelias.
¿Por qué temía Pelias a un hombre con un solo zapato?
Porque una profecía —consultada al oráculo— le advertía que debía guardarse del hombre que llegara calzado con un solo pie. Cuando Jasón perdió una sandalia en el río al ayudar a Hera disfrazada de anciana, cumplió exactamente esa señal. Para Pelias, ver llegar a Jasón con un pie descalzo fue la confirmación de que el hombre de la profecía había llegado, lo que lo llevó a idear el plan del Vellocino de Oro para tratar de evitar su destino.

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